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LO QUE HAY QUE TRAGAR

14,25

SINOPSIS:

 

Cada día 3.500 cerdos viajan desde otros países de Europa a España, y ese mismo día otros 3.000 cerdos hacen el viaje inverso. Los kilómetros que recorren muchos de los alimentos que consumimos arrastran absurdos como éste, y también numerosos atropellos: el 98% de la producción de salmón en Chile tiene como destino los mercados de Estados Unidos y la Unión Europea; en el lago Victoria, en África, las multinacionales extraen diariamente toneladas de percas para el consumo en Europa, mientras dos millones de personas ribereñas pasan hambre.

LO QUE HAY QUE TRAGAR

17,10

SINOPSIS:

 

Soja transgénica como alimento de granjas y piscifactorías; hambre en el Lago Victoria mientras se usa para producir las percas que venden nuestros supermercados; pérdida de sabor de los tomates y muchas frutas... Gustavo Duch delata la hambruna del mundo pobre que permite la obesidad del mundo rico y"retrata la maldiciñón y esperanza de este mundo cuyos amos están jugando a los dados" (Eduardo Galeano)

 

BIOGRAFÍA DE AUTOR:

 

Gustavo Duch (Barcelona, 1965) es director de la revista SOBERANÍA ALIMENTARIA y autor de "Lo que hay que tragar", "Alimentos bajo sospecha" y "No vamos a tragar". Creó la ONG, Veterinarios sin fronteras, de la que fue director de 1991 a 2009. Posteriormente comenzó a colaborar con los movimientos y campañas relacionados con la lucha por la Soberanía Alimentaria de los Pueblos. Ha sido miembro de la Junta Directiva de la Plataforma Rural, colabora con la Vía Campesina y con campañas como «No te comas el mundo» o «Som lo que Sembrem». Colabora en distintos medios de prensa escrita como El Periódico, Público, La Jornada (México), Galicia Hoxe y El Correo Vasco, así como en algunos programas de radio.

NO VAMOS A TRAGAR

15,20

SINOPSIS:

 

Cuatro empresas norteamericanas dominan el 90% de la producción y comercialización de alimentos. El sistema neocapitalista ha aprovechado la crisis para avanzar en el dominio del mundo acaparando la propiedad de tierras fértiles, imponiendo cultivos transgénicos y dedicados a la energía, y destruyendo las economías locales de los pequeños agricultores y sus cosechas tradicionales. Se puede luchar contra ese desastre, el esa lucha tiene un nombre: Soberanía alimentaria.